Con una evidente belleza y con un ambiente envidiable, este medio de transporte es un fiel reflejo de nuestra historia, a pesar de que inevitablemente nos dejamos conquistar por la modernidad.
Para muchos porteños viajar en micro para llegar a su trabajo o universidad, es un verdadero suplicio. Tacos infernales, eternos arreglos en las calles, más los bocinazos de los conductores abriéndose paso por las atestadas avenidas, crea en más de alguno un estrés crónico.
Las lecturas de revistas o las conversaciones con el compañero de asiento, no son distracciones suficientes para abstraerse de las diarias carreras por obtener más pasajeros y por ende cortar más boletos.
Sin embargo, estas micros no son el único medio de transporte que el Puerto nos ofrece para movilizarnos, pues por suerte Valparaíso cuenta sus antítesis, los trolebuses, los que representaron un gran “punto a favor” para ser nombrados Patrimonio de la Humanidad. Espaciosos y no contaminantes estos vehículos llegados desde Estados Unidos en 1953, trasladan a los habitantes de Valparaíso desde la Avenida Argentina hasta la Aduana, abarcando 8,4 kilómetros en un recorrido fijo, siendo de esta manera la única ciudad donde aún existen y los únicos del mundo que se mantienen en estado original.
Según Héctor Jaimerand, conductor de trolebuses desde 1971, la ventaja de conducir este tipo de transporte público es que “Uno se sube y se baja relajado, pues no competimos con las micros, tenemos clientela propia”. Trabajadores de bancos o de servicios públicos serían los más fieles pasajeros de los troles, conquistados principalmente por la calma y buen trato que se le da al cliente, incluso si este es escolar.
A pesar de las dificultades para la conducción y las limitantes de movimientos, estos vehículos encantan, y así lo demuestra la gran cantidad de gente que los prefieren frente a las más rápidas micros.
Para Soledad Álvarez, “andar en Trole es un paseo diario donde la gente y el conductor están más relajados”. Asegura que a pesar de que se pueda demorar un poco más en llegar a su destino, los prefiere a los otros transportes atestados de gente. La “adicción” a este medio de transporte quedó demostrada el 2002, cuando por motivos de fuerza mayor la Empresa de Transportes Colectivos Eléctricos S.A. detuvo su servicio. La gente como reacción se dirigía a las oficinas para pedir que reanudaran sus actividades, lo que finalmente sucedió.
La magia del trole además de llamar la atención de pasajeros, despierta la creatividad de visionarios gestores culturales. Dado lo silenciosos y limpios que son, seis actores y dos músicos aprovecharon la oportunidad de transportar sus obras desde las tablas a un vehículo en movimiento.
Apoyados el FDI-CORFO y el 3ie de la Universidad Técnica Federico Santa María estos profesionales daban a conocer la historia de Valparaíso a las decenas de espectadores, especialmente turistas, que ocupaban diariamente los asientos, incluso más de una vez. Para Matías Valenzuela, Jefe de Proyectos de 3ie la iniciativa fue plenamente exitosa pues incluso venía gente de Santiago y regiones a ver la obra. De igual manera asegura que “Teatro Trolley Tour” fue una excelente evidencia que en la región se puede hacer Turismo Patrimonial Cultural, donde los colores y las historia porteña pasa a ser el actor principal.